En la medida de lo posible se recurre a técnicas que no requieren cirugía para solucionar calcificaciones en los tendones del manguito rotador del hombro, un problema muy incapacitante y doloroso para el paciente.

Hasta hace poco la única terapia eficaz para resolverlo que, por otro lado, es frecuente, era la cirugía para limpiar y retirar dichas calcificaciones.

¿Qué es exactamente una tendinitis calcificada de hombro?

Una tendinitis calcificada de hombro es una lesión común que afecta a los tendones del manguito rotador, especialmente el supraespinoso. Este tendón en concreto va desde la parte trasera del hombro hasta la cabeza del húmero, pasando por la zona superior del hombro. Es la “pieza” fundamental para mover y levantar el brazo.

Cuando la tendinitis afecta a este tendón aparece en la zona más gruesa como una bolsa de calcio que irrita el tejido y hacer aumentar su volumen. Este engrosamiento impide al tendón discurrir con normalidad por el túnel óseo por el que tendría que deslizarse de manera acompasada con el movimiento. La fricción que provoca la falta de deslizamiento aumenta la agresión al tendón, lo que finalmente desemboca en una tendinitis.

¿Cómo se manifiesta una tendinitis calcificada de hombro?

Es frecuente que el paciente pregunte al especialista en Traumatología cuál es el origen de la tendinitis, ya que su aparición suele provocar extrañeza. En las tendinitis normales sí que hay un daño ligado a una sobrecarga, a un esfuerzo o a un mal gesto, haciendo deporte o algún movimiento forzado.

En cambio, la tendinitis calcificada de hombro no está relacionada con factores mecánicos o de sobreesfuerzo. Todavía no se ha encontrado una explicación científica suficientemente sólida a esta patología.

¿Cómo tratar este tipo de tendinitis sin cirugía?

Tradicionalmente se ha tratado esta lesión con cirugía. Cuando se aborda de esa manera la técnica de elección es la artroscopia. Con la tecnología de imagen de la que dispone el equipo de artroscopia se localiza la calcificación, se abre el tendón y se elimina la acumulación de calcio y sus restos.

Sin embargo, actualmente también se sustituye la cirugía por una técnica no invasiva. Consiste en un procedimiento sencillo que se sirve de la ecografía para localizar la calcificación. Se accede a ella con una aguja muy fina, infiltrando un anestésico y suero. Poco a poco se va bombeando el líquido en dicha calcificación hasta que se vacía por completo. Es un proceso que dura entre 20 – 30 minutos, tras el cual el paciente se va a casa sin problemas. Por norma general al día siguiente dejará de sentir dolor y la calcificación no volverá a aparecer.

Fuente

topdoctors.es